Sencillo arroz de mariscos acompañando a un vino blanco del Bierzo: Cobertizo Godello del amigo VICOTA

Aunque la receta hubiera sido propia para un día casi primaveral como el de hoy, cuando la puse en práctica hacía fresquera y apetecía algo caliente. En la pescadería ya comienzan a llegar los buenos mejillones y no me pude resistir a comprar un par de kilos que, acompañados de unas sepias y unos cuantos huesos de rape para hacer un buen fondo de pescado, harían sin duda las delicias de nuestra mesa.


Lo cierto es que con pocos ingredientes hacemos un caldo de verduras, y si además le agregamos unos huesos de rape, las peladuras de los langostinos y el caldo de los mejillones… pues obtenemos una delicia de la que es difícil resistirse.


Nosotros fuimos cuatro a la mesa y la receta es por tanto para cuatro comensales.


Para el Caldo (ha de haber para tres veces por cada parte de arroz):

Un cuarto de pimiento italiano rojo

Un cuarto de pimiento italiano verde 

1 par de dientes de ajo aplastados, sin pelar

El verde de tres cebolletas lavado y troceado

1 puerro

1 zanahoria

Las cabezas y peladuras de los langostinos

1/2 kg de huesos de rape

aceite de oliva V.E.

1 cucharada de pulpa de pimiento choricero

Unas 6 hebras de azafrán

sal y pimienta

1 vaso de vino blanco de calidad

agua


Para los mejillones

Mejillones a los que habremos limpiado de sus impurezas

1/4 de vaso de vino blanco


cortamos las verduras en pedazos gruesos y sofreímos en el aceite. Salpimentamos. Después de unos 10’, agregamos las cabezas y pieles de los langostinos aplastando bien y los huesos de rape. Dejamos sofreír otros 10’. Vertemos el vaso de vino y reducimos. Ponemos a comer 20’ a fuego medio.


Mientras, ponemos a cocer los mejillones al vapor con un chorrito de vino blanco. Tapamos la marmita y dejamos que se abran. Iremos sacándolos a medida que se vayan abriendo para que no se hagan en exceso y nos queden acorchados. Colamos el caldo resultante y lo agregamos al fumet de pescado que tenemos cociendo.


Para el sofrito y arroz

El resto del pimiento verde

El resto del pimiento rojo

2 dientes de ajo

Langostinos pelados

Parte de los mejillones sin su concha

Aceite de oliva V.E.

1 cucharada de pulpa de pimiento choricero

400 g de arroz bomba


Cortamos en dados hermosos la sepia, teniendo en cuenta que luego mermará. Para hacer la sepia es importante que en la chapa o cazuela donde vayamos a realizar el guiso, no pongamos nada de grasa!! y la tengamos bien caliente, de ese modo no se pegará ni perderá sus jugos. Una vez esté en su punto agregamos la sepia y dejamos que se vaya dorando durante un minuto más o menos. Retiramos y agregamos el aceite, el pimiento cortado finamente y los ajos picados y sofreímos perfectamente. En ese punto agregamos 400 g de arroz y refreímos ligeramente. Colamos el caldo y vamos agregando a la paella o cazuela. Este arroz nos pedirá unas 2,5 veces por cada 100 g, es decir; 250x100 de arroz. Y nos tendrá que quedar un poco más porque queremos que sea o bien caldós o cremoso, aunque va en gustos. 


Rectificamos la sazón y sin mover la cazuela respetamos los 20’ de rigor hasta que llevemos a la mesa. En los últimos do o tres minutos, disponemos los langostinos por encima y en el último minuto los mejillones para que se templen.


En casi todos los arroces suelo preparar un poco de ajonesa suave (tan fácil como añadir medio diente de ajo picadito a la hora de realizar la mayonesa, siempre casera).


Y una vez que servimos el arroz y llegó la hora de probarlo -por cierto, no quedó nada mal- No podíamos cuando menos que atender la recomendación de mi amigo Luis de VICOTA y probarlo con un vinito de Bodegas Cobertizo que me sorprendió gratamente. He de decir que no tengo el paladar muy acostumbrado a los vinos con uva godello y quizá sea que estoy más acostumbrado a las más clásicas y por tanto me he ido dejando olvidada esta maravilla. Comentar este vino es para mí bastante complejo pero me arriesgaré. Una vez servido en la copa pudimos observar un tono dorado ligeramente pálido propio de su juventud. En cuanto a los múltiples aromas que a todos nos sugerían pudimos apreciar peras no muy maduras, alguien dijo algún toque de limón, níspero… Y en la boca se desmelenó. No hizo falta enfriar el vino, pues estaba al sereno que ya nos hizo las veces de fresquera. Más frutas blancas, sin exceso de acidez, suave con un punto dulzón, no dulce ojo. En definitiva un vino del que disfrutamos brevemente pues nos hubiera gustado tener dos botellas en lugar de la muestra, pero del que nos llevamos un buen recuerdo.

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